El teatro, en su faceta más entrañable y reflexiva, posee la capacidad única de transformarse en un espejo del tiempo. A través del vestuario, el lenguaje, los objetos cotidianos y la escenografía, la escena revive etapas que definieron la identidad de nuestras comunidades. Este es el espíritu que articula la propuesta escénica del grupo Las Muchachas, que ha logrado cautivar al público con una trilogía de obras de corte costumbrista: La Tienda, Las Caladoras de Casillas y El Patio.
Con dramaturgia y dirección propias, el colectivo no solo ha diseñado la puesta en escena, la escenografía y el vestuario, sino que ha sabido plasmar con sensibilidad las transformaciones sociales de la vida rural en Canarias y España. La propuesta ha contado con la colaboración clave en sonido, iluminación y decorados del Ayuntamiento de Puerto del Rosario y el Cabildo Insular de Fuerteventura, instituciones que respaldan la preservación del patrimonio inmaterial a través de las artes escénicas.
A lo largo de estos tres títulos, la compañía realiza un viaje cronológico que recorre tres décadas cruciales —los años 60, 70 y 80— ofreciendo al espectador un retrato social sobre cómo el avance de los tiempos irrumpió en los hogares y pueblos de antaño.
1. ‘La Tienda’ (Años 60): El microcosmos de la vida vecinal
La travesía comienza en la década de los 60 con La Tienda, una pieza que toma como eje central uno de los puntos de encuentro más icónicos de las comunidades rurales: el comercio local. Más allá de ser un simple espacio de abastecimiento, la tienda del pueblo funcionaba en aquellos años como el centro neurálgico donde convergían las noticias, las confidencias, las alegrías y las penurias de los vecinos.
A través de un desfile de personajes variopintos, la obra construye un mosaico humano lleno de matices. Las interacciones entre compradores y tenderos dejan al descubierto la sencillez de una época donde la solidaridad entre vecinos era indispensable para el día a día. La Tienda se consolida así como un viaje entrañable y nostálgico, que combina pasajes cómicos con momentos de profunda ternura, recordando el valor de las relaciones comunitarias frente al aislamiento del mundo moderno.

2. ‘Las Caladoras de Casillas’ (Años 70): El latido del hogar y el trabajo tradicional
Avanzando hacia la década de los 70, Las Caladoras de Casillas traslada la acción al interior de una vivienda familiar, recreada sobre las tablas con una atención meticulosa al detalle. La escenografía nos sitúa entre la cocina —corazón de la casa— y un salón presidido por un bastidor de calados, símbolo del arte textil artesanal que desempeñaban históricamente las mujeres en el ámbito doméstico.
La obra retrata una jornada cotidiana en la vida de una familia de medianeros, compuesta por la abuela, la madre, el padre y la nieta. El devenir del día se va tejiendo entre las labores del campo, la preparación del almuerzo y el meticuloso trabajo del calado. La llegada de las vecinas y las intervenciones de la figura del cronista aportan contexto y fluidez a la narración, permitiendo al público ser testigo de un modelo de vida donde el trabajo manual y la transmisión intergeneracional del saber constituían la columna vertebral de la economía familiar.

3. ‘El Patio’ (Años 80): El choque entre la tradición y la modernidad
El cierre de esta trilogía llega con El Patio, una obra de gran dinamismo que sitúa su argumento en la agitada España de los años 80. La escenografía transporta al público al corazón de una casa de pueblo: un patio delimitado por paredes de cal, macetas, la tradicional pileta, bancos y mesas de madera. En este espacio íntimo, mientras el tiempo parece detenerse, el mundo exterior avanza a pasos agigantados.
El patio funciona a la vez como escenario de confesiones, plaza pública y campo de batalla generacional. A lo largo de diez años marcados por transformaciones históricas —como la llegada de la televisión en color, la moda de los pantalones vaqueros nevados o el debate social en torno al referéndum de la OTAN—, la familia vive su propia transición.
En este contexto, Mariana mantiene una intensa batalla dialéctica con su marido Paco para convencerlo de cambiar de trabajo, mientras este intenta frenar, con cierto desconcierto, el avance de una modernidad que le resulta ajena. Por su parte, los jóvenes (Ana, Pili y Lucy) anhelan una libertad renovada que late al ritmo de la Movida y los casetes de música. Entre el entusiasmo de Manolo por su televisor nuevo para ver el fútbol, las preocupaciones de las vecinas, los preparativos de las fiestas patronales con el visto bueno del cura y el dinamismo de los personajes más jóvenes, El Patio regala al espectador una experiencia completa, transitando con naturalidad entre la comedia, la emotividad y la tensión dramática.

Un legado escénico para la memoria colectiva
La trilogía impulsada por el Grupo Las Muchachas trasciende la mera representación teatral para convertirse en un valioso documento sobre la historia social. Gracias a su compromiso con la verdad histórica, la calidez de sus guiones y una puesta en escena impecable, la agrupación logra que el público no solo recuerde el pasado, sino que reflexione sobre el camino recorrido hasta el presente.









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