Juan Perdigón: El rebelde de Casillas del Ángel en el corazón de Brasil

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La vida de Juan Perdigón Gutiérrez (1895-1966) es una crónica de resistencia y dignidad que une las áridas tierras de Fuerteventura con los muelles de Santos y las fábricas de São Paulo. A diferencia de la imagen romántica del artista aislado, Perdigón fue, ante todo, un líder obrero y un militante anarquista inquebrantable, cuya existencia estuvo marcada por el constante vaivén transatlántico de su familia, víctimas de las sequías y el caciquismo majorero.

El origen y la «huida» de la guerra

Nacido en Casillas del Ángel en 1895, su nacimiento se produjo en uno de los retornos de su familia desde Brasil. Su infancia fue un mapa de migraciones: de Fuerteventura a Santos, luego a Uruguay y de vuelta a Brasil. Un dato crucial en su juventud fue la decisión de su padre de embarcarlo nuevamente hacia América para evitar que fuera reclutado para la Guerra de Cuba, salvándolo de un conflicto que desangraba a los hijos de las familias pobres canarias.

El liderazgo en los muelles de Santos

Ya asentado en Brasil, Perdigón se convirtió en una figura central del anarcosindicalismo. Su activismo se desarrolló principalmente en Santos, cuyo puerto era el epicentro de la lucha obrera brasileña, así como en São Paulo y Río de Janeiro. Bajo el nombre de João Perdigão, luchó por conquistas hoy fundamentales: la jornada de ocho horas, el derecho a huelga y la cultura para el trabajador. Su firmeza le valió una persecución implacable, con múltiples detenciones y la sombra constante de la deportación.

Resistencia bajo un nuevo nombre

Hacia 1928, para escapar de la represión policial que buscaba expulsar a los «agitadores extranjeros», tomó una decisión radical: adoptó su segundo apellido y pasó a llamarse João Gutiérrez. Bajo esta nueva identidad se refugió en Sorocaba, en una granja-comuna dirigida por compañeros ácratas. Allí se casó con una mujer cuyo nombre era toda una declaración de principios: Anarquía de Caria, con quien formó una familia de seis hijos, manteniendo viva la llama de sus ideales en la intimidad de su hogar y su comunidad.

Un legado de «auroras»

Juan Perdigón falleció en 1966, habiendo pasado de ser un «campesino pobre» destinado a la miseria a convertirse en un referente ético del movimiento obrero sudamericano. Su biografía, rescatada recientemente por el historiador Jesús Giráldez en su libro Entre el rubor de las auroras, nos recuerda que los emigrantes canarios no solo exportaron mano de obra, sino también semillas de emancipación social. Fue un hombre que, como él mismo escribió, vivió la época «como una tempestad», convencido de que la justicia surgiría siempre, inevitable, como el rubor del amanecer.

Domingo Velázquez Cabrera: Entre la Estela de Unamuno y el Espíritu Emprendedor

La historia de las Islas Canarias está tejida por nombres que, aunque a veces silenciosos, fueron testigos y partícipes de los cambios fundamentales del siglo XX. Uno de esos nombres es Domingo Velázquez Cabrera, un hombre cuya vida transitó entre la aridez poética de Fuerteventura, el despertar intelectual junto a grandes figuras de las letras y una incansable actividad comercial que lo llevó a recorrer media Europa.

Un despertar literario en la Fuerteventura de 1924

Domingo Velázquez nació en Rosa del Taro, un rincón de Casillas del Ángel, en una época en la que dicho territorio era un municipio independiente antes de integrarse en Puerto del Rosario. Su infancia no fue la de un niño cualquiera; estuvo marcada por un evento fortuito que cambiaría su percepción del mundo: el destierro de Miguel de Unamuno.

En 1924, por orden del general Primo de Rivera, el filósofo y escritor bilbaíno fue enviado a Fuerteventura. Durante esos meses, Unamuno no solo encontró la inspiración para su poemario De Fuerteventura a París, sino que se integró en la vida social de la isla a través de las tertulias en el comercio de la familia Castañeyra.

Acompañando a su padre, el joven Domingo frecuentaba estos encuentros. Mientras los adultos discutían de política y literatura, el niño Domingo escuchaba con admiración a aquella figura «contradictoria y discutidora». Aquel contacto temprano con el pensamiento crítico y la palabra escrita de Unamuno —quien, curiosamente, se hospedaba en un pequeño hotel propiedad de parientes de Domingo, Francisco Medina Berriel y Antigua Jordán Velázquez— sembró en él una semilla de curiosidad intelectual que lo acompañaría siempre.

La forja de un hombre de negocios

Al llegar a 1927, Domingo Velásquez decidió que era el momento de labrarse su propio destino. Planteó a su familia su deseo de terminar sus estudios y buscar la independencia económica. Este fue el inicio de una exitosa carrera en el sector mercantil.

Lo que comenzó como una dedicación al comercio local pronto se expandió. Su capacidad de gestión y su visión lo llevaron a convertirse en:

  • Agente comercial.
  • Representante de firmas.
  • Importador.

Estas obligaciones profesionales no solo le permitieron una estabilidad financiera, sino que alimentaron su espíritu viajero. Domingo recorrió el resto del archipiélago, la península ibérica y diversos países europeos, extrayendo de cada viaje experiencias que enriquecieron su visión del mundo.

Vida familiar y el paréntesis de la guerra

Aunque su trabajo lo vinculó estrechamente con las capitales canarias, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, hubo un lugar que marcó su corazón: Gáldar. En esta localidad del norte de Gran Canaria residió durante seis años; allí contrajo matrimonio y vio nacer a sus hijos, estableciendo raíces profundas en la tierra que lo acogió.

Sin embargo, como a toda su generación, la tragedia de la Guerra Civil Española en 1936 interrumpió su trayectoria. Velásquez permaneció movilizado durante aproximadamente un año y medio. A pesar de la dureza del conflicto, su naturaleza resiliente le permitió reanudar sus negocios y viajes tan pronto como finalizó la contienda, recuperando el pulso de su actividad con la misma energía de su juventud.

Un legado de inquietud y constancia

La vida de Domingo Velázquez Cabrera es el reflejo de una época de contrastes. Desde el niño que escuchaba a Unamuno en la trastienda de un comercio hasta el agente comercial que cruzaba fronteras en una Europa convulsa, su biografía nos habla de la importancia del entorno y de la voluntad personal.

Su recuerdo permanece no solo como un eslabón directo con la estancia de Unamuno en Canarias, sino como el ejemplo de un hombre que supo combinar la sensibilidad cultural con el pragmatismo del mundo empresarial.

Identidad y Tradición: Casillas del Ángel completa el rotulado de sus calles

El pueblo de Casillas del Ángel, en el municipio de Puerto del Rosario, ha vivido recientemente una transformación fundamental en su fisonomía urbana y administrativa. Tras un riguroso proceso que se ha extendido durante tres años, la localidad ha logrado completar el rotulado de todas sus calles, una demanda histórica que por fin dota de identidad y orden a cada uno de sus rincones.

Un proceso de consenso ciudadano

Este logro no ha sido fruto de la improvisación, sino del trabajo conjunto y el consenso. El Ayuntamiento de Puerto del Rosario, a través de su Concejala de tráfico Jenifer Pérez lideró un proceso de diálogo con la anterior directiva de la Asociación de Vecinos «Buenos Amigos».

Para asegurar que la nueva nomenclatura fuera del agrado de todos, se llevó a cabo una exhaustiva campaña informativa entre los habitantes. Esta transparencia permitió que el proyecto avanzara sin oposiciones, reflejando el sentir de una comunidad que deseaba ver sus caminos y veredas oficialmente reconocidos.

El rescate de la toponimia local

Lo más destacado de esta iniciativa es el respeto por la memoria histórica y la geografía del lugar. se ha apostado decididamente por la toponimia local. Los nuevos nombres de las calles son un homenaje a la tierra y a los términos que los vecinos han usado durante generaciones para referirse a sus parajes.

Entre las 50 nuevas denominaciones que se incorporan al callejero, encontramos nombres tan evocadores como:

  • El Huerto de los Bellos
  • La Fortaleza
  • Tablero Los Chasistas
  • El Higueral
  • El Resumidero
  • Las Breñas

Estas nuevas placas se suman a las que ya existían previamente, como el Camino Micaela Acosta y la calle Carteros Rurales, Calle la Entrada, a consolidado un mapa que equilibra el reconocimiento a las personas y el valor de los accidentes geográficos.

Casillas del Ángel : Fuerteventura