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Catalina Méndez Montañez: El Legado Tejido de una Artesana de Leyenda

En el corazón de Fuerteventura, el susurro de la palma no solo cuenta historias del viento, sino también de manos que, con paciencia y maestría, han sabido entrelazar la tradición con el presente. Doña Catalina Méndez Montañez, conocida cariñosamente por todos como «Catalinita», representa uno de los pilares más sólidos de la identidad majorera. Nacida en Puerto del Rosario el 8 de septiembre de 1930, su vida fue un testimonio vivo de amor por su tierra y sus raíces.

Una herencia de manos sabias

El destino de Catalinita estaba escrito entre fibras vegetales. Aprendió el oficio de su madre, Catalina Montañez, una empleitadora tradicional de quien heredó no solo la técnica, sino también el respeto por la materia prima: la palma verde y el palmito. Bajo su tutela, Catalinita dominó la creación de las piezas más emblemáticas de la vida rural en la isla: serones, genas, esportones, empleitas y esteras.

Sin embargo, su espíritu inquieto no se detuvo en la mera repetición del pasado. Con una visión avanzada para su tiempo, incorporó la creatividad a su catálogo, diseñando bolsos y sombreros que adaptaban la artesanía ancestral a las necesidades contemporáneas.

Ezequiel: El alma en la preparación de la materia

Detrás de la perfección de cada pieza, existía un binomio inseparable basado en el apoyo y el trabajo compartido. No se puede entender la calidad de la obra de Catalinita sin mencionar a su fiel compañero, Ezequiel. Hombre con los pies en la tierra y de gran corazón, Ezequiel era el encargado de la fase más crítica del proceso: el tratamiento de los ramos de palmera.

Con una sabiduría ligada a los tiempos del sol y el aire, él preparaba la palma con precisión para extraer los palmitos. Gracias a su esfuerzo y cuidado en la curación de la fibra, Catalinita podía disponer de una materia prima de calidad excepcional, permitiéndole alcanzar esa finura y resistencia que hicieron de sus trabajos algo único en la isla.

El reconocimiento a una vida de entrega

Su incansable labor fue reconocida en el año 2000 con el Premio Insular de Artesanía, otorgado por la Fundación Colectivo Mafasca y el Ayuntamiento de Antigua. Catalinita participó en infinidad de ferias insulares y regionales, convirtiéndose en una embajadora de la cultura canaria.

Maestra y aprendiz eterna

Más allá de sus obras, su mayor regalo fue su generosidad. Dedicó gran parte de su vida a impartir multitud de talleres, formando a personas interesadas en que estos oficios no cayeran en el olvido. Pero, a pesar de ser una maestra consagrada, nunca dejó de ser alumna; participaba en talleres de lo más variado para renovar sus conocimientos. Hoy, su recuerdo y el de Ezequiel permanecen en cada trenzado, recordándonos que, con palma y corazón, se teje la historia de todo un pueblo.