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Domingo Velázquez Cabrera: Entre la Estela de Unamuno y el Espíritu Emprendedor

La historia de las Islas Canarias está tejida por nombres que, aunque a veces silenciosos, fueron testigos y partícipes de los cambios fundamentales del siglo XX. Uno de esos nombres es Domingo Velázquez Cabrera, un hombre cuya vida transitó entre la aridez poética de Fuerteventura, el despertar intelectual junto a grandes figuras de las letras y una incansable actividad comercial que lo llevó a recorrer media Europa.

Un despertar literario en la Fuerteventura de 1924

Domingo Velázquez nació en Rosa del Taro, un rincón de Casillas del Ángel, en una época en la que dicho territorio era un municipio independiente antes de integrarse en Puerto del Rosario. Su infancia no fue la de un niño cualquiera; estuvo marcada por un evento fortuito que cambiaría su percepción del mundo: el destierro de Miguel de Unamuno.

En 1924, por orden del general Primo de Rivera, el filósofo y escritor bilbaíno fue enviado a Fuerteventura. Durante esos meses, Unamuno no solo encontró la inspiración para su poemario De Fuerteventura a París, sino que se integró en la vida social de la isla a través de las tertulias en el comercio de la familia Castañeyra.

Acompañando a su padre, el joven Domingo frecuentaba estos encuentros. Mientras los adultos discutían de política y literatura, el niño Domingo escuchaba con admiración a aquella figura «contradictoria y discutidora». Aquel contacto temprano con el pensamiento crítico y la palabra escrita de Unamuno —quien, curiosamente, se hospedaba en un pequeño hotel propiedad de parientes de Domingo, Francisco Medina Berriel y Antigua Jordán Velázquez— sembró en él una semilla de curiosidad intelectual que lo acompañaría siempre.

La forja de un hombre de negocios

Al llegar a 1927, Domingo Velásquez decidió que era el momento de labrarse su propio destino. Planteó a su familia su deseo de terminar sus estudios y buscar la independencia económica. Este fue el inicio de una exitosa carrera en el sector mercantil.

Lo que comenzó como una dedicación al comercio local pronto se expandió. Su capacidad de gestión y su visión lo llevaron a convertirse en:

  • Agente comercial.
  • Representante de firmas.
  • Importador.

Estas obligaciones profesionales no solo le permitieron una estabilidad financiera, sino que alimentaron su espíritu viajero. Domingo recorrió el resto del archipiélago, la península ibérica y diversos países europeos, extrayendo de cada viaje experiencias que enriquecieron su visión del mundo.

Vida familiar y el paréntesis de la guerra

Aunque su trabajo lo vinculó estrechamente con las capitales canarias, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, hubo un lugar que marcó su corazón: Gáldar. En esta localidad del norte de Gran Canaria residió durante seis años; allí contrajo matrimonio y vio nacer a sus hijos, estableciendo raíces profundas en la tierra que lo acogió.

Sin embargo, como a toda su generación, la tragedia de la Guerra Civil Española en 1936 interrumpió su trayectoria. Velásquez permaneció movilizado durante aproximadamente un año y medio. A pesar de la dureza del conflicto, su naturaleza resiliente le permitió reanudar sus negocios y viajes tan pronto como finalizó la contienda, recuperando el pulso de su actividad con la misma energía de su juventud.

Un legado de inquietud y constancia

La vida de Domingo Velázquez Cabrera es el reflejo de una época de contrastes. Desde el niño que escuchaba a Unamuno en la trastienda de un comercio hasta el agente comercial que cruzaba fronteras en una Europa convulsa, su biografía nos habla de la importancia del entorno y de la voluntad personal.

Su recuerdo permanece no solo como un eslabón directo con la estancia de Unamuno en Canarias, sino como el ejemplo de un hombre que supo combinar la sensibilidad cultural con el pragmatismo del mundo empresarial.